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Feminización del envejecimiento y de su atención: hacia la instalación del cuidado como un derecho

Escrito por Elaine Acosta González. Publicado en Reflexiones

La vejez se feminiza

Por Elaine Acosta González.  El mundo de los cuidados se ha convertido en una cuestión social central (y en consecuencia, política) en la configuración de las sociedades actuales.

   Las actividades de cuidado no siempre se proveen, distribuyen o se apropian de manera igualitaria entre hombres y mujeres, entre mujeres de diferentes clases sociales, entre generaciones y, con la globalización, entre países.

   Los expertos han convenido en que una silenciosa, pero profunda revolución, se ha comenzado a gestar: la del envejecimiento poblacional, constituyéndose en uno de los factores más significativos que explican el aumento de la demanda o necesidades de cuidado.

   Se trata de un fenómeno de carácter mundial, toda vez que la OMS calcula que la población mundial de 60 años o más es el grupo etario de crecimiento más rápido.

   En la región, por detrás de Cuba y Uruguay, que encabezan los procesos de envejecimiento en América Latina, se encuentra Chile, que muestra un nivel de envejecimiento clasificado como de envejecimiento moderado avanzado (CEPAL-CELADE, 2009).

   Las estimaciones prevén para la población de 65 años y más una tasa de crecimiento que alcanzará el 33.2% para el periodo 2000-2025, mientras que la población menor de 15 años no crecerá. Hacia el 2050 se espera que la población menor de cinco años sea menor que la población de 80 años.

   Se ha producido además un acelerado ritmo de sobre-envejecimiento de la población, proyectándose un aumento de los mayores de ochenta años, lo que redundará en una mayor presencia del grupo de nonagenarios y centenarios (Arnold et al., 2011).

   Por último, es un hecho la mayor representación de las mujeres dentro de este proceso, fenómeno que se conoce como ‘feminización del envejecimiento’. Las mujeres chilenas alcanzan a vivir más años que los hombres chilenos, llegando a los 82 en el caso de las féminas y a 76 años en los varones.

   Como resultado, el mundo de los cuidados se ha convertido en una cuestión social central (y en consecuencia, política) en la configuración de las sociedades actuales.

   Las actividades de cuidado no siempre se proveen, distribuyen o se apropian de manera igualitaria entre hombres y mujeres, entre mujeres de diferentes clases sociales, entre generaciones y, con la globalización, entre países.

   En particular, la condición de vejez, así como la forma y condiciones en que se asegura el cuidado en dicha etapa de la vida, se ve afectada por múltiples formas de desigualdad y exclusión.

   Así como estas tasas de envejecimiento y mayor esperanza de vida pueden señalarse como logros de un mayor bienestar, al mismo tiempo, existen evidencias de que una parte significativa de los adultos mayores carecería de las oportunidades efectivas para disfrutar de esas nuevas condiciones.

   Los cuidados siguen siendo un ‘asunto de mujeres’

   Lejos de la creencia común de que los mayores en la sociedad contemporánea han sido abandonados por su familia, la evidencia empírica en Chile muestra una realidad muy distinta. La familia sigue siendo el principal sostén para los adultos de edad avanzada (Guzmán y Huenchuan, 2005).

   Según datos de la Encuesta Nacional de Dependencia de las Personas Mayores (2009), el 92,2% de los cuidados proporcionados a este grupo son realizados por los familiares(1).

   Pero, ¿qué familiares? Se ha constatado que la provisión de los cuidados afecta más a las mujeres que a hombres y en cuanto al parentesco, la responsabilidad recae, sobre todo, en las mujeres de la familia (madres, hijas, hermanas, etc.).Y cuando este grupo no está disponible, las familias recurren a la incorporación, al interior de sus hogares, de la figura de una mujer, generalmente de origen extranjero, que cubre las necesidades de la persona adulta mayor a través del trabajo de cuidados, y en muchos casos, ejerciendo también funciones domésticas.

   Desde el punto de vista del receptor de cuidados, también se experimentan desigualdades de género en relación con la posibilidad de recibir apoyos en la vejez. Según los datos de la II Encuesta de Calidad de Vida y Salud Chile 2006, en general, son las mujeres las que tienen mayores posibilidades de recibir apoyo por parte de la familia o la comunidad.

Por su parte, las condiciones en que se ejerce el cuidado son preocupantes, tanto en términos de la salud física como psíquica de las cuidadoras. La investigación ha identificado que este grupo tiene dificultad para asegurar el descanso diario y por vacaciones, así como para compartir el cuidado, lo que les genera sentimientos de soledad, sobrecarga y estrés.

   El alto costo de la atención que requieren las personas dependientes, en particular, los discapacitados y ancianos enfermos y la dificultad de los servicios asistenciales para atender las múltiples demandas de estos grupos, provoca que se traspase a los cuidadores familiares e informales prácticamente la totalidad de la responsabilidad y costo del cuidado. Estos, muchas veces, no disponen del tiempo ni las competencias necesarias para brindar un cuidado de calidad.

   El artículo completo AQUÍ  en gerontologia.org

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