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Cartas desde la Memoria.

Escrito por Héctor Tabares O. . Publicado en Libros & Letras mayores

Cartas desde la Memoria

La Corporación Asuntos Mayores –COASUMA- y el periódico online e impreso Asuntos Mayores CONTINÚAN CONVOCANDO a “Cartas desde la Memoria”, en 2016 sobre

 ‘MAYORES CONSTRUCTORES DE PAZ´

   Si lo desea, envíenos textos acerca de lo que usted -o su equipo de trabajo- considera debe ser el papel de las personas mayores en la construcción de la paz en Colombia. Puede enviarlos al correo: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.   Hágale, nosotros corregimos y cuidamos el texto. 

   Los siguientes son los textos producidos por un grupo de Mujeres Mayores del Programa Adulto Mayor –PAM- de Cafam en Bogotá, que coordina Stella Sánchez de Peña.  

LA PAZ ES UN DERECHO

María Luisa Abril (Cedritos).

   (Tengo 90 años. Me desempeñé como Docente en Bogotá durante 34 años. Soy de los “Nuevos viejos activos, pensantes y participativos”).

   La paz no es cuestión de edad. No es cuestión de permanecer indiferentes,  ni de volvernos invisibles. Es cuestión de estar presentes y comprometidos.

   La edad no es limitación para formar parte de los puentes de reconciliación, de los defensores y hacedores de paz, de los mensajeros de paz.

   Desde el 9 de abril de 1948, el país perdió su rumbo, se perdió el derecho a la vida, también a pensar y a opinar diferente. Se instaló la violencia, y cada día que pasa aumentan las víctimas, aumenta el sufrimiento.

   La Colombia que he conocido es de intolerancia, violencia y carente de valores. En gran trayecto de mi vida he anhelado, he esperado la paz.  ¿Para qué? Para abrir las puertas a un país diferente, un país con paz social, para abolir la cultura de la muerte violenta a la que parece nos hemos acostumbrado. Erradicar el egoísmo que ha contribuido a la violencia.

   Para rescatar nuestra capacidad de asombro y nuestra sensibilidad humana, porque hemos sido tolerantes con el horror de la guerra. Para entrar a una nueva vida, con esperanza, construyendo un futuro digno para todos, incluyendo a los más olvidados de nuestra sociedad, a los menos favorecidos.

   Para tener un país con educación y oportunidades para todos. Un país en el que la educación y la salud no sean un negocio. En el que haya tierra y apoyo para los campesinos.

   Un país en el que nos demos respeto y solidaridad. Un país con justica, con reformas y soluciones sociales. Un país en el que nuestros dirigentes, con sus actitudes, nos transmitan buen ejemplo. Un país más ético, más equitativo e incluyente.

   La paz comienza en cada uno de nosotros, la tenemos que construir entre todos. Decirle sí a la paz porque es el único camino, la única estrategia. Esta es una etapa muy positiva para nuestro país. Es ahora, o nunca.

   Será el legado que les podemos dejar a nuestros nietos, a las futuras generaciones. Con nuestra participación, sensatez y discernimiento logramos un despertar de consciencia frente a lo que somos y lo que hacemos.

   Con el correr de los años, he superado cada una de las etapas de mi vida. He tropezado, he caído y me he levantado muchas veces. He entendido la razón de mi existencia dando el mensaje del servicio, siendo receptiva al don espiritual que Dios me ha dado, el don del dar; ofreciendo lo mejor de mí en cada momento. Esto me ha permitido vivir con satisfacción, tranquilidad y paz interior.

   Que Dios abra caminos para la paz y la convivencia, nos dé luz y amor para que se acaben los resentimientos, las venganzas y de todos los corazones fluya el perdón. Y que esa trasformación nos lleve a la paz definitiva y duradera.  ¡Así podemos clasificar siendo el “país más feliz del mundo”!

 

DESCANSE EN PAZ LA GUERRA


Teresita Rodríguez de Muñoz. (Mazuren).

   ¡Guerrillero! ¡hermano!... Llora el trigo reseco / Y pisoteado con violencia…. / De las rosas solo quedan las espinas.

   Y el verdor de los prados y sembradíos / Que dejaron los abuelos…/ Son campos de batalla / Verdor de maleza que envenena.

   Las praderas claman el retorno del labriego / Sus casonas fantasmas roídas por el tiempo / Polvorientas se desploman sin apego…

   Ya no trinan los pájaros como antes, / Truenan las balas / Y las minas hieren inclementes / El futuro promisorio de la Patria….

   Átomos de hombres vuelan por los aires, / Y el suelo se   tapiza de sangre y de miseria. / Gime la entraña de una madre sola  / Que esperaba el retorno de su héroe, / Que a la Patria se ofrece en holocausto……

   Un soldado que ¡Ah...... poco!…. como tú / Jugaba con pistolas. / Resuena el trueno y la guerra estalla, / Y mientras el enemigo camaleónico escondido / Hincha sus arcas de oro, de poder y de venganza…/ La orfandad de los niños se acrecienta, / El hambre se desborda en cruel rapiña.

   Ríos de gente, cual rayo, huye en caravana / Y una mano se estira en cada esquina…

   ¿A qué juegas tú, joven guerrillero? / ¿Por qué luchas despiadado contra tu hermano inerme? / ¿Qué esperas de la vida al asecho de la muerte?... / No calles tu conciencia con el ruido de las balas.

   ¡Busca en el silencio de tu alma! / El perdón y el amor que te redima...

   Entierra sin temores tus odios y rencores, y ¡deja que descanse en paz la guerra!

 

LA PAZ

                                Beatriz Barriga. (Mazuren).  

   Colombia es cual árbol duro / Con raíces muy profundas / Que a pesar de los azotes  / No se ha dejado caer.

Cuna de hombres valientes / De coraje y corazón / Su consigna es el progreso sin jamás desfallecer / Colombia es país amable / De incalculable  valor / Ha sufrido contratiempos  / Con sentimiento y valor.

Colombia, árbol de paz / Sin reparo para todos / Y conserva nexos con países importantes / De todas partes del mundo / Países que están unidos y listos para trabajar / Para que haya buen progreso y sobresalga la paz.

El compromiso del gobierno es, con todos ser leal n/ Y que crezca la esperanza  / Con mucha prosperidad.

                                    

LA PAZ…  LA PAZ…  LA PAZ…

Teresa Olaya Perdomo. (Mazuren). 

   Aparentemente, no es muy difícil definir. Según el Diccionario de la Lengua Española, PAZ es la “Virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego”. “Sosiego y buena correspondencia de unos y otros”. “Convenio internacional para dar la quietud a los pueblos que han guerreado”. “Interjección que se usa para ponerla entre los que riñen”.

   Si analizamos el significado en el contexto de nuestro país, ¿a  qué se debe el hecho de que no haya paz? ¿Es que acaso tenemos todos los mismos derechos? ¿Gozamos de los mismos beneficios? ¿Todos los hijos y nietos de nuestros conciudadanos tienen la misma educación? ¿Una vez entran a la etapa laboral, tienen las mismas oportunidades? Y qué decir de la salud y la educación, ¿en qué grado las podemos catalogar?

   Muchos piensan que la paz es la cesación de la guerra, el detener el accionar de los fusiles, claro, eso es un gran logro, pero si no nos preocupamos por la elección de dirigentes con pensamientos generosos y altruistas, que se preocupen por el cambio a fondo de nuestro pensar y accionar respecto a nuestro pueblo, la paz no podrá ser duradera y nuestro país irá cada día más al abismo.

   Algo de lo cual nunca se habla, es del incremento de una manera desmedida de la población ignorante, sin recursos, nacida con profundos y fundados resentimientos, sin oportunidades de estudio, quienes siempre estarán generando gravísimos problemas casi imposibles de solucionar, ya que son personas, además, carentes de valores que conllevan a una agresividad desmedida, situación que con la guerra entre hermanos ha producido un país dolorido, resentido  y sin esperanzas. 

   De ahí que las personas que queremos, nuestra gente y amamos nuestro país, creemos y esperamos que las heridas sean tratadas desde muy al fondo. Y no es esperar que esta tarea la realicen nuestros dirigentes. Somos todos y cada uno de los colombianos, perdonando y desarmando desde nuestros hogares los corazones. Por tanto,  yo hago un llamado a los adultos mayores, quienes hemos vivido estas situaciones tan desastrosas, a emprender una tarea de sanación, actuar muy unidos a fin de encaminarnos  en lograr acortar las distancias entre las personas menos favorecidas, a fin de que la brecha que existe sea cada vez más delgada.

No es fácil, debe ser perseverante, constante y duradera  y de esta manera lograremos una verdadera paz, sostenible, de la cual todos somos merecedores. Este es el pensamiento a groso modo sobre este tema.

  

EL ADULTO MAYOR CONSTRUCTOR DE PAZ

 Herminda Pongutá. (Cedritos).

   En cada despertar, con la alegría del descanso del día que amanece, el canto de las aves, el repicar de las campanas, la mirada y el saludo a quien, o a quienes nos acompañan, el saludo a la soledad nuestra gran amiga, el levantarse, poder caminar, ¡ESTAR VIVOS!

   Qué importan los años si hay gratitud hacia el Dios de amor y de bondad, que hace de nosotros personas que iniciamos el día a día con el entusiasmo y el deseo de planear, realizar, disfrutar de las oportunidades hermosas que Dios y la vida nos ofrecen.

   Este inicio de día, con armonía, serenidad y disfrute de alimento, la compañía de la familia, los vecinos y amos, el trabajo, el cuidado de la salud, el ejercicio, la lectura, la oración, el escuchar a quien solo busca ser escuchado, la visita que nos llega y a quien visitamos, en cada instante y acción. ¡Así estamos CONSTRUYENDO PAZ!

   Qué decir del compromiso y construcción de paz con la familia, los hijos, nietos, yernos, nueras. Se viven como propias sus alegrías, realizaciones, proyectos, los ayudamos a volar, a soñar. Cómo multiplicamos la pensión, el tiempo, el cariño, la salud, las palabras, los silencios.

   Pero también, ¿cómo restamos la ingratitud, el dolor, el fracaso, la angustia, el desamor”… restando, minimizando, logramos darle importancia a lo importante, comprender que todo pasa y que solo quien es capaz de perdonar y de reconocer sus limitaciones y errores puede ser feliz. ¡Hacer felices a quienes más se quiere, siendo CONSTRUCTOR DE PAZ!

   Qué decir de los adultos mayores que no tuvieron hijos, pero que durante sus vidas han permanecido al servicio de sus padres, ancianos y enfermos, de hermanos discapacitados o de familiares que tan solo cuentan con el apoyo y el cariño de quienes, con generosidad sin límites, les ofrecen cariño, tiempo y dedicación a su cuidado. ¿Habría paz, armonía, cariño, tiempo y dedicación a su cuidado? ¿Habría paz, calidad de vida sin ellos? ¡Son verdaderos CONSTRUCTORES DE PAZ!

   Algunos, aun a costa de su propia salud, de sus sueños y aspiraciones, orientan su vida a servir con altruismo en fundaciones anónimas y silenciosas, pero generosas en bondad con el enfermo, el huérfano, el abandonado. ¡Son también CONSTRUCTORES DE PAZ!

   Y qué decir del adulto mayor en el entorno en que vive, SU BARRIO, SU CIUDAD, SU PAÍS, que conoce y es consciente del valor y cuidado de nuestro planeta y de sus recursos cada vez más escasos. Educa con su ejemplo, protege y disfruta de la compañía de una mascota, regala sonrisas a los niños y jóvenes, no es una carga para nadie, es decir, autónomo, activo. Lidera actividades y acciones para el bien común. ¡Es CONSTRUCTOR DE PAZ!

   Vivir así, enfermar así, es saber para qué vivimos y finalmente tener conciencia de TRASCENDER EN PAZ.

                                              

VIOLENCIA, PERDÓN, PAZ
            Carmen Elisa Martínez González. (Mazuren).

   Soy una mujer adulta mayor, quien desde mi adolescencia he tenido el factor violencia presente en mi vida y quien a pesar de haber sido criada y formada en un excelente hogar, de haber podido estudiar y trabajar a mi gusto, y formado mi propio hogar –dos hijos, cuatro nietos-, me siento terriblemente afectada por la violencia: guerrilla, narcotráfico, corrupción. Es que la violencia nos ha tocado a todos los colombianos, a unos en forma más trágica, abusiva y asesina que a otros, pero nos ha afectado a todos.

   Me duele inmensamente la forma como se ha llevado al caso, a la anarquía y la pobreza en un país tan bello, rico y recursivo como Colombia.

   Me duele saber cuántos miles de cerebros privilegiados han tenido que emigrar a otros países, donde entregan sus conocimientos, su amor al trabajo y su capacidad laboral; donde pueden vivir en paz, con seguridad y levantar sus hogares sin temor. Pero más me duele, la cantidad de vidas jóvenes que han sido cortadas de tajo por defender a los colombianos, ya que ellos no tendrán una segunda oportunidad.

   Para conseguir la tan anhelada paz debemos conceder el perdón. Claro que sí, los colombianos estamos dispuestos a entregar este sentimiento tan intenso que nos viene directamente de Dios, pero ¿qué debemos exigir a cambio, ya que hemos dado tanto?

   Una paz digna, justa y verdadera, no una paz a cualquier precio, una paz negociada sin que sepamos los colombianos qué más tenemos qué ceder y, sobre todo, qué deben esperar nuestros hijos y nietos.

   No soy periodista, escritora, literata ni nada por el estilo, soy una mujer de 76 años, ama de casa y pensionada, a la que nada haría más feliz que vivir los años que me quedan, viendo a los colombianos levantando lo que otros destruyeron.

   Que cuando me llegue el llamado de Dios, mis ojos se cierren y mi corazón deje de palpitar, llevándome la imagen de mi amada Colombia disfrutando de la paz y prosperidad que tanto merece. Este es mi sencillo sentir.

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