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Cinco lecciones que Colombia debe aprender de Brasil en Derechos Humanos

Escrito por Andrés Gutiérrez. En eltiempo.com Brasi. Publicado en En el vecindario

Foto: Gettyimages.com 

   Hay transporte gratuito para personas mayores, estudiantes  y discapacitados;  salud pública gratuita pata todos, garantías para grandes movilizaciones y auxilios educativos.  En Colombia nada ocurrió cuando nos quitaron las horas extra de trabajo, nos aumentaron los años para pensionarnos, nos alzaron el precio del transporte público, nos comenzaron a cobrar por un pésimo sistema de salud y casi casi nos privatizan la mejor universidad pública del país, si no fuese por unos “estudiantes locos, comunistas, desocupados y quizá marihuaneros” que le complicaron el “chanchullo” a la entonces Ministra de Educación.

   Por Andrés Gutiérrez, en eltiempo.com Brasil, aún tiene mucho que enseñarles a sus países vecinos en materia de inclusión social y derechos humanos.

   Si bien “el país del fútbol y la samba” es fuertemente criticado por su desigualdad social y corrupción, estás son dos realidades que no son ajenas a Colombia, con la diferencia de que Brasil tiene leyes concretas con las que ha comenzado a atacar la brecha social que separa a los pobres de los ricos:

   1. Educación gratuita

   Los colegios y las universidades públicas son totalmente gratuitos. Si bien quienes aplican a la educación superior deben presentar pruebas de conocimientos para obtener un cupo, cuando ingresan a la institución educativa, gran parte de ellos, pueden acceder a becas y auxilios económicos de manutención, alimentación y transporte. Lo que significa, en pocas palabras, que el gobierno además de ofrecer educación gratuita, les paga a sus jóvenes para que estudien. También es importante resaltar que, en una década, Brasil construyó 18 nuevas universidades públicas.

   2. Transporte gratuito para estudiantes, ancianos y discapacitados

   En ciudades como Río de Janeiro, si los padres de un niño no tienen dinero para llevarlo a la escuela, no importa; los estudiantes de educación básica y secundaria no pagan el transporte público convencional. Los universitarios, por su parte, tienen un auxilio económico o un descuento en la tarifa dependiendo de la ciudad.

   En el caso de los adultos mayores y las personas con discapacidad, el transporte es totalmente gratuito. En Brasil, hay un respeto por la vejez, una apuesta por la educación y un apoyo a los que presentan alguna invalidez (mientras tanto, en nuestro país, estamos enfrascados en si los estudiantes merecen alguna ayuda, los discapacitados ya tienen un “descuentico” y los viejos, de ellos ni siquiera se habla).

   3. Salud pública gratuita

   Aunque la calidad de la salud pública es bastante criticada por los mismos brasileños, hay algo que el país tiene muy claro: la salud es un derecho universal. Todo ser humano, nacional o extranjero, con identificación o sin identificación, con dinero o sin dinero, tiene derecho a recibir atención gratuita y tratamiento (ya sabemos muy bien lo que pasa en Colombia si no se tiene EPS, y aun así teniéndola; y ni hablar de los extranjeros que vienen sin seguro médico).

   4. Derechos laborales

   Mientras en Colombia las empresas se acostumbraron a ofrecerle el salario mínimo a bachilleres y a profesionales, o a contratar practicantes para pagarles exclusivamente lo de los buses, en el gigante suramericano hay un respeto por el trabajador, no solo por parte de las empresas, sino también del gobierno quien ha creado leyes para protegerlo.

   En Brasil, hay 30 días de vacaciones al año, un seguro de desempleo, una indemnización por despido (equivalente a 6 meses de salario), un auxilio de transporte, auxilio de alimentación y en algunos casos, auxilios de estudio.

   5. Activismo

En 2013 Brasil protagonizó una de las movilizaciones más grandes del continente. El 18 de junio de ese año, más de 2 millones de personas salieron a las calles de 100 ciudades de su territorio para protestar por la corrupción, la calidad en la educación, la inversión en la salud, el precio en el transporte y el despilfarro económico en las obras del Mundial de Fútbol.

   Brasil tiene unos de los movimientos activistas más grandes de la región y la participación de los ciudadanos en la política está en aumento. La protección de los derechos de la comunidad LGBTI, los afrobrasileños y las mujeres están en la agenda de los movimientos sociales y activistas.

   Mientras que la razón de protesta de los brasileños está en la calidad e inversión de los derechos que ya tienen, en Colombia, parece que nos sobraran los derechos y muchas veces miramos con malos ojos las pocas manifestaciones pacíficas que se realizan en el país. Nada ocurrió cuando nos quitaron las horas extra de trabajo, nos aumentaron los años para pensionarnos, nos alzaron el precio del transporte público, nos comenzaron a cobrar por un pésimo sistema de salud y casi casi nos privatizan la mejor universidad pública del país, si no fuese por unos “estudiantes locos, comunistas, desocupados y quizá marihuaneros” que le complicaron el “chanchullo” a la entonces Ministra de Educación.

   Al lector: Esta no es una propaganda para que se vaya a vivir a Brasil. Esta es una muestra de algunas apuestas sociales y una reflexión sobre la participación política que deberíamos tener los ciudadanos para que nos sean reconocidos estos derechos, básicos y fundamentales, para el progreso humano de la nación.

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Corrupción y derechos humanos

Escrito por Elisabeth Ungar Bleier - Transparencia por Colombia.. Publicado en En el vecindario

   Por Elisabeth Ungar Bleier* Tradicionalmente, la lucha contra la corrupción y la defensa de los derechos humanos han sido abordados de manera independiente por los organismos internacionales, las entidades del Estado y las organizaciones de la sociedad civil que se ocupan de estos dos temas.

   Sin embargo, cada día es más evidente el impacto negativo de la corrupción sobre los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de los ciudadanos. “Desde la igualdad a la no discriminación, el debido y justo proceso, la libertad de expresión y de asociación y la participación política, hasta el acceso efectivo a educación, empleo, salud y vivienda, pasando por derechos colectivos más amplios como el derecho al desarrollo y la autodeterminación. (…) La corrupción puede traducirse en violaciones directas a los derechos humanos... por ejemplo la compra de votos para afectar el derecho de los ciudadanos a la participación política.

   En otras ocasiones las violaciones son indirectas, pero el efecto es el mismo, como por ejemplo cuando un médico exige pagos por servicios que deberían ser gratuitos, negando así el derecho a la salud” (TI, Responses to Advisory Committee Questionnaire on the Negative Impact of Corruption in the Enjoyment of Human Rights, 30/10/13).

   La creciente evidencia sobre este vínculo ha abierto el debate en escenarios nacionales e internacionales sobre la conveniencia de abordarlos conjuntamente. Por ejemplo, en el Encuentro Regional de las Américas de la Alianza para el Gobierno Abierto (AGA), celebrado recientemente en Costa Rica, representantes de gobiernos y OSC coincidieron en que “la apertura de la discusión de objetivos y metas de la agenda pos-2015 es un momento invaluable para incluir previsiones de fortalecimiento de la transparencia, rendición de cuentas, Estado de derecho y acceso a la justicia”.

   Asimismo refrendaron “el apoyo al Objetivo 16, incluyendo las metas vinculadas con los principios de AGA como los de transparencia, rendición de cuentas, combate a la corrupción y participación ciudadana” y “la necesidad de promover el Estado de derecho en los planos nacional e internacional y garantizar la igualdad de acceso a la justicia para todos.

   Reducir sustancialmente la corrupción y el soborno en todas sus formas. Garantizar el acceso público a la información y proteger las libertades fundamentales, de conformidad con la legislación nacional y los acuerdos internacionales. Desarrollar instituciones eficaces, responsables y transparentes y garantizar la toma de decisiones responsable, inclusiva, participativa y representativa en todos los niveles” (http://www.opengovpartnership.org/blog/blog-editor/2014/11/20).

   La perversa relación entre corrupción y derechos humanos afecta a todos los ciudadanos, pero en especial a los sectores más vulnerables de la población. Además, la corrupción favorece la impunidad, disminuye la confianza de los ciudadanos en el Estado y debilita su capacidad de respetar y proteger los derechos humanos. Por lo anterior, no debemos olvidar que en el proceso de construcción de paz, el binomio respeto a los derechos humanos y lucha contra la corrupción deben ir de la mano.

   * Directora ejecutiva de Transparencia por Colombia.

Dos ´perlas´ de la María Fernanda Cabal *:

Escrito por Auntos Mayores Fuente: las2orillas.co. Publicado en En el vecindario

   “Si uno pone a trabajar a los negros se agarran de las greñas”.

   “La fundación de periodismo Gabriel García Márquez es un instrumento de propaganda comunista”.

    Debe ser que esta dama quiere hacerse tristemente célebre a como de lugar. Otra vez sus declaraciones causan polémica. Esta vez en una entrevista para la Revista Gente, Cabal se refirió de forma racista y despectiva frente a la comunidad afrodescendiente del país.

   Como si fuera poco, también habló de la Fundación de Periodismo que creó el Nobel de literatura colombiano: “La fundación de periodismo Gabriel García Márquez es un instrumento de propaganda comunista”, dijo la representante a la Cámara por el Centro Democrático.

   * Representante a la Cámara por el Centro Democrático (en Colombia).

   TOMADO DE AQUÍ lasa2orillas.co

La responsabilidad de los abuelos

Escrito por elcolombiano.com. Publicado en En el vecindario

Por Henry Medina En Elcolombiano.com

… quiero volver a lo expresado en mi columna del 14 de mayo de 2011, en la cual me refería a la responsabilidad de los abuelos. Lo hice inicialmente cuando me enteré que pronto entraría a la dulce y placentera calidad de abuelo. Hoy, regreso al tema, cuando recibo la gran noticia que pronto tendré el primer nieto con mi apellido paterno.

   La pregunta que se oye con frecuencia es ¿Cuál es la vida que les espera y cuál es nuestra responsabilidad? La respuesta simple es la que nosotros les construyamos y les heredemos con ejemplo y actitudes positivas. Esa es parte de nuestra responsabilidad de abuelos: hacer todo lo posible por cimentar las oportunidades para que ellos logren vivir en una sociedad en paz, más equitativa, responsable y solidaria que la actual.

   En aquella ocasión expresaba mi desacuerdo con la idea que la "abuelidad", es la bella época del amor irresponsable, porque pienso que la responsabilidad es un valor ético que debe crecer con los años de vida y adquiere su máxima expresión en la edad de los abuelos, manifiesta en el ejemplo, el acertado consejo y la capacidad de crear interrelaciones que propicien el buen talante ético y moral de las generaciones futuras. Ello es un activo que nuestra sociedad y la familia, en particular, no pueden despreciar.

   Cada llanto de un bebé debería despertar la conciencia de un adulto. Pensando en las generaciones futuras y en nuestros herederos, es nuestra obligación apoyar el logro de la paz justa. Ello no solo resulta del mandato constitucional, sino de la obligación social que nos compromete a todos, con una visión objetiva de los escenarios actuales y del contexto de las realidades futuras posibles, antes que guiados por motivaciones nacidas en el resentimiento y sed de venganza.

   … Un buen número de empresas están dirigidas por personas que disfrutan o avizoran la placidez de ser abuelo. Ojalá esa condición les fortalezca su visión de largo plazo y les permita contribuir con su experiencia, capacidad, liderazgo y responsabilidad social empresarial, en beneficio del país de nuestros nietos.

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La vejez, ¿es?

Escrito por Jotamario Arbeláez eltiempo.com. Publicado en En el vecindario

   Por Jotamario Arbeláez.  En eltiempo.com

   Para mí, la vejez es salir todos los días por las mismas calles y tomar el mismo tren. Y ver cómo se van deteriorando las calles y el tren.

   Creo que llegó la hora de aceptarlo, así sea lo único que nos duela. Llegamos a viejos. Incluso, sospecho que nos pasamos. Aunque apenas se nos note por la barba canosa. El esqueleto continúa bien parado y calcificado. Y el buen gusto omnipresente en las papilas gustativas, en las terminaciones nerviosas y en las galerías de arte moderno.

   Si algo olvidamos es apenas lo contingente, la dama que galanteamos ayer para decirnos que yes, o la clave del cajero cuando acudimos a hacerle el quite. Nunca vi viejos tan sobrados de lote con el sildenafil en la billetera. Tanto que alguno de mis cuates más o menos contemporáneos se está apenas preparando para casarse. Quiere incluso seguir mi ejemplo y plantarse pelo. Antes los vejestorios se contabilizaban a partir del medio siglo. Y es el caso de que me voy aproximando a los tres cuartos.

   Mi pana el monje loco anda por los 88 silbando por la carrera 7.ª la canción que va componiendo. La muerte, a la que siempre hemos dejado con la mano estirada, debe continuar por allí volteando, con su inveterada paciencia. Ya se llevó de vuelo a muchos compañeros de pluma que siguen con uno, como si continuaran tecleando en otro país donde no hay correo.

   Gonzalo Arango, verbo y gracia, cada día escribe mejor. En mi caso, creo que la vida me trató mejor de lo que me esperaba. Se me va acercando la hora de cuadrar caja, pero no para irme, sino para saber de cuánto dispongo para seguir tirando, como se dice. Tal vez fue Cioran el que predijo que el que no moría joven terminaría pagando las consecuencias. Pero no veo la vejez como algo tan deplorable.

   El amigo de la vida de quien me precio, el poeta Eduardo Escobar, benjamín de la corriente nadaísta de la que pirateamos nuestra energía, no se cansa –lo que es síntoma de vigor– de quejarse de las taras de la vejez. Entre ellas, tendría que contarse, digo, ese magnífico y depurado estilo con que nos presenta su último libro, Cuando nada concuerda, que todo lector consistente debería gozarse.

   Mi venerada Vicky Hernández, en declaraciones patéticas no exentas de razón, se confiesa pobre, sola y enferma; cercana de la muerte, inclusive, sin que le asuste; y se culpa por haber entregado toda su vida a ser actriz de teatro, cine y televisión, para gloria y entretención nacional, cosa que al Estado y a la gente a la larga le importó un culo.

   Cuánto hace apenas que éramos niños. Que teníamos que correr de la escuela pública a casa porque con esa cosa del 9 de abril de que hablaba el radio se había desatado el lobo de la matanza. Y más tarde, curiosos, íbamos a la sede del sindicato a contemplar hileras de muertos de la provincia picados a machete por los violentos. O que éramos jóvenes con el afán de transformar el mundo a madrazos, ya que nos sentíamos incapaces de cargar un fusil, y asistíamos a los bailes de cuotas del barrio, por lo menos en mi caso, con los vestidos exitosos de mi papá.

   Hoy heredo las pintas deportivas de mi hijo Salvador para asistir a mis presentaciones poéticas de ‘Nadaístas al Parkinson’ o a las Tertulias de Gloria Luz. No me privo de nada por prescripción médica, ni del buen vino, la buena mesa y la buena cama, ya que en algún pasado, por imitar a García Márquez, me tuve que privar de ellas por físicas restricciones.

   Pese a que la buena salud no es una virtud literaria, sirve para mirar a la muerte a la cara sin que acudan el susto y la tembladera. Si uno está edificando una obra donde ella ni siquiera es protagonista, está poniéndose a salvo de la pelona. Jaime Jaramillo Escobar se burla de ella con desparpajo: “Si me encuentro con la Muerte / ¡qué susto le voy a dar! / Le diré que en la otra esquina / me acaban de asesinar.”

   Para mí, la vejez es salir todos los días por las mismas calles y tomar el mismo tren. Y ver cómo se van deteriorando las calles y el tren.

   Jotamario Arbeláez Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

   TOMADO POR ASUNTOS MAYORES DE AQUÍ eltiempo.com

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