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Una bomba de gran poder explosivo, las pensiones en Colombia

Escrito por Héctor Tabares O. . Publicado en Bogotá – Cundinamarca

 

Solo el 23% de colombianos envejecen con una pensión y el Estado sigue subsidiando más a los jubilados de altos ingresos que a los de salario mínimo.

Por: Gustavo Moreno Montalvo. En LAS2ORILLAS.COM 

   Una proporción muy alta de los colombianos mayores adultos no recibe pensión y debe vivir en condiciones precarias por muchos años después de terminar su vida productiva. La cifra es creciente. Preocupan la grave perspectiva para millones de compatriotas y el gravamen inexorable para las finanzas públicas, pues el gobierno nacional no podrá dejar  de suministrar lo necesario para atender una proporción de las necesidades básicas.

   Dilatar la acción, conducta de todos los gobiernos desde la Ley 100 de 1991, no es solución. La tarea no se limita a reformar las normas sobre pensiones: hacia adelante será preciso atender las necesidades de toda la población con el valor agregado que puede aportar una menor proporción de ella, porque tanto la fase preparatoria para el trabajo como la improductiva por vejez son cada día mayores. Es preciso aumentar la productividad, reducir la informalidad y ordenar la normatividad.

   Hace medio siglo la expectativa de vida en Colombia era mucho menor que la actual: pocas personas lograban disfrutar de verdad la vida una vez terminada su fase productiva. Las empresas hacían la provisión para pago de pensión bajo la premisa de que la relación laboral era estable, pero en la práctica ni el trabajador ni su cónyuge tenían seguridad social efectiva, pese a que el Artículo 275 del Código Sustantivo del Trabajo establecía la pensión de jubilación a los 55 en el caso de los hombres y 50 en el de las mujeres.

   El país hizo tránsito rápido de sociedad agraria a urbana: la mayoría de la población era rural hasta finales de los cincuenta; una gran proporción era analfabeta; casi todos los trabajadores formales eran hombres. En los sesenta la tasa de natalidad era elevada, en tanto que la de mortalidad declinó como consecuencia de mayor cobertura y calidad de servicios sanitarios y médicos, y mejor educación. La población era joven, de manera que el número de personas que se sumaban a la fuerza de trabajo cada año era mayor que el número de las personas que se retiraban de la fuerza de trabajo.

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